La creación de recuerdos y el intercambio de recuerdos familiares comienzan temprano en la vida.
Las historias de vida son centrales para el sentido de identidad y el mundo social que habitan.
Contar historias es fundamental para el desarrollo humano, los marcos culturales y el cultivo de relaciones.
Para Carmen Barrera, Cabaro, crear historias, contar historias con sus hijas, nació de manera natural, “sin intención”.
Admite que es una manera de reconocer el linaje y conectar con la historia familiar. Especialistas señalan que usamos los recuerdos para construir las relaciones, la historia personal, la historia familiar y el sentido de pertenencia a un clan. Para Cabaro, se trata de explicar con ternura el mundo, recuperando la capacidad “de contarnos, de crear y de asombrarnos en familia”.
Generar recuerdos y conocer la historia de nuestra familia, nos provee un sentido de pertenencia y un bienestar de conjunto. Dentro de la dinámica social de una conversación, una narración relata el desarrollo de un evento más allá de su descripción literal.
El mundo invisible de los cuentos es un libro creado en familia y pensado para acompañar a niñas y niños en su mundo emocional. A través de relatos breves y poéticos —llenos de imaginación, metáforas y personajes sensibles— el libro aborda temas como los vínculos, el cambio, el tiempo, el autocuidado, el miedo, la esperanza y la aceptación.
Cada cuento, explica Carmen, invita a mirar lo invisible: las emociones que a veces no sabemos nombrar, los procesos internos que requieren silencio, y las preguntas que cada niño formula a su propio ritmo.
Es un libro que no busca dar moralejas ni respuestas cerradas, sino abrir espacios para conversar, sentir y crecer. Puede leerse en voz alta o en silencio, y está pensado para acompañar tanto a familias como a docentes y mediadores de lectura.
El libro, que será presentado en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY), es una manera en que Carmen y sus hijas, Frida, Sofía y Sarah, comparten y crean espacios. “El libro nació despacio, a partir de conversaciones cotidianas y momentos compartidos. Es, ante todo, una invitación a mirar el mundo con ternura y presencia”.
El proceso creativo de Carmen ha sido explorado antes con individuos que tejen su historia, y es la primera vez que el proceso involucra a familias.
Estos procesos no solo contribuyen a la distribución de información, sino que pueden convertirse en herramientas formativas, para ayudar a quienes acompañan infancias.
La escritura, defiende Carmen, puede convertirse en aliada para sostener el archivo familiar de manera transgeneracional.
Carmen subraya que, alrededor de un mismo suceso, cada niño vive los acontecimientos de una manera diferente, por lo que este proceso de creación puede ser el espacio adecuado para conversar en familia de las situaciones, las problemáticas y los valores.
Es que los procesos de memoria en diversos entornos se ven afectados por dinámicas sociales complejas que pueden facilitar el recuerdo, el olvido y las conductas subsiguientes, por ello, las prácticas de memoria social parecen influir en los procesos emocionales y en la generación de vínculos profundos, respetando siempre la forma en cada integrante de la familia construye y aporta a la narrativa.
Memoria transgeneracional
Un contexto en particular en el que puede tener lugar un importante intercambio de memoria social es entre familias. Las narrativas familiares tienen el potencial de enriquecer y contextualizar el conocimiento y la comprensión de cómo las generaciones pasadas pueden haber tenido un impacto en la vida actual de uno.
De hecho, las historias familiares son centrales en la forma en que las familias interactúan entre sí.
La narración familiar desempeña un papel importante en el desarrollo de la autoidentidad y la participación de uno en la transmisión y construcción de su identidad familiar, de allí que contribuir a generar un archivo familiar, narrando la historia de nuestros fundamentos, nos ayuda a identificar particularidades, pero al mismo tiempo nos lleva a profundizar en lo que nos conforma como individuos.
La historia familiar se convierte, a través de la narración que hacemos, en una manera de comprender la realidad que cada individuo atraviesa y, al mismo tiempo, la manera de tejer un recuerdo, plasmarlo y despertar la manera en que, como individuos, comprendemos nuestra realidad única e irrepetible.
Trabajar en conjunto tejiendo las historias familiares es una manera de inmortalizar el recuerdo, de incluirlo en un archivo que queda en nuestra memoria como las imágenes de un viejo álbum fotográfico.
Carmen Barrera, Cabaro, ha trabajado en la escritura como una manera de entender el ser de manera individual y ahora se embarca en la travesía de llevar al sistema familiar a entenderse en el mar de la historia transgeneracional.