El cambio climático tiene numerosos efectos adversos para la salud, como la morbilidad y mortalidad relacionadas con el calor, enfermedades respiratorias causadas por el humo de los incendios forestales, el aumento de enfermedades infecciosas transmitidas por vectores y por el agua, tanto prevalentes como nuevas, tras una sequía o inundación, y la muerte o lesiones debidas a tormentas o inundaciones.
El efecto de las altas temperaturas en el aumento de la violencia interpersonal, en el contexto del cambio climático, ha recibido mucha menos atención.
Un creciente número de investigaciones sugiere que el aumento de la temperatura incrementa algunos delitos violentos, como homicidios intencionales, delitos sexuales y agresiones.
En un estudio retrospectivo en siete ciudades de Estados Unidos, cada aumento de 5 grados Celsius en la temperatura media diaria entre 2007 y 2017 se asoció con un aumento del 4.5 % en los delitos sexuales en los siguientes días.
Existen dos teorías principales que pueden ayudar a explicar la asociación entre la temperatura ambiente y los delitos violentos.
La primera teoría, conocida como teoría biológica o teoría de la agresión térmica, explica que el clima cálido induce violencia interpersonal al aumentar la incomodidad, la frustración, la impulsividad y la agresividad.
Sin embargo, esta teoría no explica el aumento de los delitos violentos en áreas donde la temperatura ha subido de fría a cálida, ya que es improbable que un aumento de temperatura en este rango cause incomodidad.
Tales situaciones requieren la segunda teoría, conocida como teoría de la actividad rutinaria, que sugiere que el cambio en la temperatura ambiente puede alterar las actividades rutinarias de las personas (por ejemplo, eventos al aire libre y contactos sociales) y aumentar los conflictos interpersonales o crear entornos propicios para el delito.
También es importante considerar el papel de los factores demográficos, socioeconómicos, cognitivos, de personalidad y biológicos interrelacionados que afectan la forma en que una persona reacciona.
Los estudios que han investigado hasta la fecha las asociaciones entre temperatura y violencia son solo preliminares. Podría haber otros factores que contribuyan a diversos actos violentos que no se hayan considerado y que podrían modificar dichas asociaciones.
Por ejemplo, se encontró una fuerte asociación entre temperatura y homicidio en ciudades estadounidenses con alta densidad de población, población joven, y alta desigualdad de ingresos. Este hallazgo sugiere que las asociaciones entre temperatura y violencia podrían verse modificadas por factores socioeconómicos y demográficos locales. Por lo tanto, es improbable que una asociación observada en un lugar se aplique directamente a otro.
El calor extremo genera incomodidad física, estrés fisiológico y reduce la tolerancia a la frustración, lo que facilita comportamientos hostiles.
Principales factores y evidencias
Impacto fisiológico: El calor provoca aumento en la frecuencia cardíaca, sudoración y cambios hormonales, incluyendo la elevación de cortisol y adrenalina (hormonas del estrés).
Teoría del calor y la agresión: El calor provoca fatiga y reduce la capacidad de regulación emocional, aumentando las respuestas impulsivas y la violencia interpersonal.
Impacto en la salud mental: Las olas de calor están asociadas a un mayor número de consultas psiquiátricas de urgencia, episodios depresivos y conductas suicidas.
Evidencia estadística: Investigaciones indican que por cada aumento de grado en la temperatura, los índices de criminalidad, agresiones y violencia pueden incrementarse, afectando más a hombres y adolescentes.
Alteración del sueño: Las altas temperaturas dificultan el descanso, lo que empeora el humor, disminuye el estado de alerta y altera los procesos cognitivos.