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Descubren en Yucatán una misteriosa escultura maya con más de 2 mil años de antigüedad

Se registró durante el salvamento arqueológico que realiza el INAH en las obras de infraestructura de carga del Tren Maya y se trata de una piedra caliza con el rostro de un "señor anciano"

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Los investigadores del INAH explicaron que la posición de la escultura no fue casual: fue colocada estratégicamente como marcador o guardián de accesoCréditos: INAH

El misterio del pasado maya volvió a emerger en la tierra del sureste mexicano. En un ejido de Sierra Papacal, Yucatán, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realizaron un hallazgo que ha sorprendido al mundo: una escultura tallada en piedra caliza con el rostro de un “señor anciano”, cuya antigüedad podría remontarse hasta el periodo Preclásico (2500 a.C. - 200 d.C.).

El descubrimiento se realizó durante las excavaciones de salvamento arqueológico en la zona del Tren Maya, dentro de las obras del libramiento ferroviario Mérida-Progreso. Según los especialistas, la pieza pudo haber funcionado como marcador de entrada a un recinto ceremonial o de reunión, lo que abre nuevas interpretaciones sobre la vida social y espiritual de los antiguos mayas.

Con este hallazgo, Yucatán vuelve a colocarse en el centro de la arqueología mundial, revelando una vez más los secretos de una civilización que no deja de asombrar con su arte, sabiduría y profunda conexión con lo sagrado.

Una escultura con más de dos mil años de historia

La figura, elaborada en piedra caliza y de aproximadamente 45 centímetros de altura, muestra un rostro humano con órbitas oculares profundas, nariz ancha y labios marcados, rasgos que los expertos asocian con la representación de un anciano o deidad venerada. Por su ubicación y características, se cree que este rostro servía como símbolo de respeto y guía espiritual a la entrada de un recinto donde se realizaban reuniones o ceremonias importantes.

La pieza fue hallada adosada al muro norte de una estructura ovalada de unos seis metros de largo, lo que indica que formaba parte de un conjunto arquitectónico cuidadosamente diseñado. Además, la orientación del edificio —con acceso hacia el poniente— sugiere que los antiguos mayas buscaban aprovechar la luz solar como elemento ritual, un patrón recurrente en sus construcciones sagradas.

El hallazgo forma parte del proyecto del Tren Maya

El descubrimiento se produjo durante las excavaciones del proyecto de salvamento arqueológico vinculado a las obras de infraestructura del Tren Maya, en su tramo Mérida-Progreso. Estas labores, coordinadas por el INAH, tienen como propósito preservar el patrimonio cultural que yace bajo los caminos del desarrollo.

Los arqueólogos a cargo: Manuel Pérez Rivas, Susana Echeverría Castillo, Wendy Lorena Pérez Mezquita y David Alejandro Ferman Valor, informaron que la zona presenta al menos 15 estructuras adicionales, lo que sugiere que se trataba de un antiguo asentamiento con funciones tanto rituales como comunitarias. El material cerámico encontrado junto a la escultura confirma que la ocupación del sitio se remonta a una de las etapas más tempranas de la civilización maya.

Una ventana al mundo ritual del pasado maya

Los investigadores del INAH explicaron que la posición de la escultura no fue casual: fue colocada estratégicamente como marcador o guardián de acceso a un recinto que no era de uso doméstico, sino de carácter ritual o colectivo. Estas prácticas se asocian con la existencia de espacios de culto donde se realizaban ofrendas, debates o ceremonias vinculadas al poder y la comunidad.

El hallazgo también permitirá realizar análisis comparativos con otros marcadores ceremoniales encontrados en sitios del periodo Posclásico, como los incensarios con forma humana o deidades, que reforzarán la hipótesis de una continuidad ritual a lo largo de los siglos. Según el INAH, este tipo de descubrimientos ayudan a comprender cómo los antiguos mayas concebían la autoridad, la espiritualidad y el respeto por sus ancestros.

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