En medio de la pandemia por Covid 19, Carmen Barrera encontró una ventana en la escritura. Esa ventana la llevó a crear su seudónimo, que es marca personal y refugio: Cabaro.
En Cabaro halló un camino para encontrar su voz: textos que no eran confesión, sino reflexión, un espacio para ejercer como dueña de su tiempo, de su pluma, de su voz.
Entonces empezó a compartir su voz en internet, comenzó a asomarse a esa ventana que ella misma abrió luego de dar a luz a sus 3 hijas y comprender profundamente cuán diferentes son los pasos y las voces de cada una.
Al tiempo que comprendía a sus hijas y comprendía la dimensión de un ser humano que, además, es madre, comenzó a usar las palabras para construir un proceso de encuentro y sanación. Entonces supo que podía ayudar a otras personas.
“Así empecé a crear el espacio íntimo”, un lugar donde “ser vulnerable es seguro”, afirma.
La palabra “es una herramienta si sabes usarla y puede ser también un arma”, nunca es “inocua”. La palabra “responde preguntas y deja registro y archivo de quiénes somos en nuestro andar por la vida”.
Pero la palabra no necesita una habitación propia, sino “una isla, un refugio que se expande y exige libertad”. La palabra “es la herramienta para rescatarnos y sostenernos en la cotidianidad”.
Hubo un tiempo, admite, “que las mujeres necesitábamos una habitación propia, pero una habitación es parte de una casa” y el proceso creativo “te exige rebeldía, expansión y evolución”, y eso, afirma contundente, “no es posible en un espacio cerrado”.
Una mujer que crea “explora todo su poder y se muestra, mientras entrega al mundo algo que no le pertenece”, porque “construimos espacios que no nos pertenecen, que le son dados a los lectores”.
Y la creación “no espera, no necesita permiso, necesita voluntad, necesita disciplina, necesita que sepamos que somos el ejemplo para quienes siguen nuestros pasos” y que “tomemos amorosamente el espacio que nos corresponde en el mundo”.
Ese espacio, continúa, “es un sitio de ideas, de pensamiento, que no pueden ser contenidos en cuatro paredes, pero que requieren intimidad y precisión”, para que “desarrollemos nuestras posibilidades y nuestros caminos”.
Carmen, licenciada en Educación, se comprometió con la formación, se volvió buscadora de su voz y de su camino y supo que nunca podría quedarse quieta, “porque siempre estoy buscando la palabra precisa, el mejor camino para decir, para encontrarme” y sabe que hay tres hijas que la observan, aunque no lo digan y seguirán sus pasos.
Construir tu camino, apunta, “duele, da miedo, pero te coloca firme ante el mundo y te enseña a no traicionarte”, por eso quiere “que ella vean, que no les dé miedo abrir sus ventanas, explorar sus mundos”.
“Quiero que sepan qué tan poderoso es hacer lo que te construye, lo que te lleva a crecer”, como cuando “hago mi primer libro y mi padre me dijo ‘esto es tuyo, nadie te lo puede quitar’”.